MV&EE + Head Of Wantastiquet @ Wurlitzer Ballroom (23-feb-2010)

Frío, fuerte lluvia y un concierto a diez kilómetros de casa en una de esas salas en que no sabes cuando empiezas, ni, por tanto, cuando acabas. La pereza encontraba importantes aliados en los elementos. Pero ¿a quien le importan los elementos, la pereza, las horas y demás cuando detrás del concierto está Giradiscos, ese loco incansable de proyectos igual de arriesgados que interesantes? Pues por lo visto aquel día, a casi todo el mundo.
Una desangelada Wurlitzer Ballroom, cuya población se constituía principalmente por amigos (de unos, de otros, y al final de todos) fue presente de las primeras notas de Head Of Wantastiquet, el proyecto de un extrañamente nervioso Paul Labracque. Aquello empezó raro, y rápido confirmamos que lo que sonaba titubeante era la prueba de sonido del belga. Otra lucha perdida: el grupo había llegado casi a la vez que el público. A partir de este momento, todo fue a mejor.
Head Of Wantastiquet realizó una corta actuación. Algo le pasaba, le temblaban las manos al comienzo de su concierto, comentaba que no se sentía del todo bien, pero cuando cogía su banjo y comenzaba a emitir sus cánticos rituales, cerraba los ojos dejándose llevar por sus composiciones cargadas de espíritus, tradición indígena americana, deformaciones lisérgicas y destellos de catarsis hipnótica, y todo parecía estar mejor. Usando sus himnos como purga, a la vez que pasaban los minutos envueltos en su música, volvía a esbozar en su rostro trazos de sonrisas. Finalizando con la guitarra, de profundas raíces desérticas y aire al Dead Man de Neil Young, por supuesto pasado por dilatadas distorsiones, Labracque dejó que sus cuerdas reposaran, guardó las plumas y vainas sagradas que envolvían el pie de su micrófono y, sin ánimo de protagonismo, se fue silenciosamente del escenario a una esquinita de la sala, apurando su pacharán y, ahora si, sonriendo al ver a Matt y Erika subir a las tablas.
Al llegar MV & EE sin su Golden Road, ni ningún otro acompañante, uno podría esperar que la actuación iba a transcurrir por la senda de sus canciones más ligeras, por aquellas que recuerdan, o a mi al menos, a unos suaves y caseramente producidos Sonic Youth o a esas canciones ingenuas y primerizas de Daniel Johnston. Atendiendo a los diez minutos iniciales del concierto, sentí haber dado en aquel momento con la clave de lo que iba a pasar ante mi, pero estos dos creadores no son capaces de mantenerse taimados más allá de unos instantes, y todo empezó a volverse inmenso al llegar al ecuador de su extensa Summer Magic. A partir de ahí, sin pausa hasta casi el final unos cuarenta minutos después. Matt Valentine y Erika Elder nos sirvieron de guías en un viaje psicodélico, natural, colorido, con subidas, mantras, llanuras, peligros y recompensas plácidas. Un Matt Valentine totalmente absorto en su música zarandeaba con fuerza su banjo por la pequeña escena de la sala, metido en un trance de distorsiones sónicas a cuyo contrapunto Erika Elder guiaba lejos de las serpientes. Todo un viaje ancestral, toda una experiencia comunicativa sin palabras. Evasión inteligente, descriptiva y directa. Energía que recorrío temas diversos de su extensísima discografía, ejecutada desde el sentimiento y transcrita a lo físico a través de una guitarra acústica, otra eléctrica, un bantar, una lap steel y unos cuantos pedales de efectos. Y al final, de nuevo, la calma. Feeling Fine devolvía al dúo a las melodías vocales inocentes y servía de perfecto cierre a tan intensa vivencia. Sonrisas para todos y fuera, ha dejado de llover.
Las fotos del concierto andan en mi flickr y posiblemente en www.foto.nosoloemo.com


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